En este poemario de joven poeta vieja, como llama a Ale Oseguera el escritor Carlos Zanón, hay versos con sabor a vino, sangre y barro. Con un estilo que por momentos adquiere el ritmo de una canción de rock, la autora permite entrever su mundo, en que los palacios están construidos con escombros y no es posible distinguir al amor del amante. Su poesía transforma sin miramientos a personas, sociedades y emociones en fenómenos naturales, en experiencias transoceánicas. Nos invita a saltar sin paracaídas. Como afirma Zanón: "Si eres poeta deseas haber escrito tú algunos de esos poemas. En ocasiones deseas que te los hayan escrito a ti. Y también, agradeces que no los hayan escrito por ti". Tal vez porque para la autora, sólo quien sobrevive a una Tormenta de Tierra es digno de descender al corazón de su propio volcán.